Encargar un programa a medida es elegir a alguien de quien tu empresa va a depender durante años: no solo para construirlo, también para arreglarlo, ampliarlo y mantenerlo en marcha. Por eso el precio es solo una de las cosas que hay que comparar, y no la primera. Esta guía ordena las preguntas que conviene hacer a cualquier empresa de desarrollo, venga de donde venga la recomendación.
Lo que conviene preguntar
¿Habéis hecho algo parecido?
Parecido en tipo de proyecto —un programa de gestión, una app, una integración— y en tamaño. Pide que te lo enseñen funcionando o que te cuenten cómo fue: qué se complicó y cómo se resolvió. Quien ha hecho algo similar hace mejores preguntas desde la primera reunión.
¿Quién lo va a hacer?
Las personas concretas, no la empresa en abstracto. Si lo hará gente de la casa o se subcontratará una parte, quién será tu interlocutor y qué pasa si esa persona deja el proyecto.
¿Cómo vais a entender lo que necesito?
Un buen proyecto empieza por un análisis: reuniones con quienes usarán el programa, revisión de lo que hay hoy y un documento que describe lo que se va a hacer. Desconfía de un presupuesto firme que llega sin que nadie te haya preguntado nada.
¿Cómo y cuándo voy a ver avances?
Lo sano son entregas parciales cada pocas semanas, que puedas probar. Meses de silencio seguidos de una entrega final es la forma más habitual de descubrir tarde que se entendió otra cosa.
¿De quién será el código y quién tendrá los accesos?
El código fuente, el dominio, el servidor, las cuentas de las tiendas de aplicaciones: todo debería estar a nombre de tu empresa o entregarse al final. Es lo que te permite cambiar de proveedor si un día hace falta.
¿Qué pasa después de la entrega?
Garantía sobre los errores, mantenimiento, tiempo de respuesta cuando algo falla y precio de los cambios futuros. Lo detallamos en cuánto cuesta un software a medida.
¿Qué pasa con los datos?
Si el programa trata datos personales —de clientes, de empleados—, la empresa de desarrollo que acceda a ellos lo hace por cuenta tuya, y el RGPD pide que esa relación quede regulada por escrito. Pregunta también dónde se alojan y quién hace las copias.
Qué debe constar en la propuesta
- El alcance: lo que hace el programa y, expresamente, lo que no.
- Las fases, con lo que se entrega en cada una.
- El precio desglosado y la forma de pago, ligada a entregas.
- Cómo se gestionan los cambios que surjan a mitad de proyecto, que surgirán.
- La propiedad del código y de los accesos.
- La garantía y el mantenimiento, con su coste.
- Quién es la persona responsable por cada parte.
Señales que invitan a pensárselo
- Un precio cerrado sin haber preguntado casi nada.
- Un plazo muy corto para algo que tú mismo no sabes describir del todo.
- Que a todo se responda que sí: un buen proveedor también dice qué no recomienda hacer.
- Que el código o los accesos queden en manos del proveedor sin alternativa.
- Que nadie mencione el mantenimiento.
- Que te propongan construir a medida algo que un programa estándar ya resuelve: ver a medida o estándar.
- Mucha jerga y pocas explicaciones. Si no entiendes la propuesta, no podrás defenderla dentro de tu empresa.
Lo que te toca a ti
Un proyecto a medida sale bien cuando el cliente también hace su parte: nombrar a una persona que decida, dedicar tiempo a explicar el proceso, probar cada entrega cuando llega y no cambiar de criterio a mitad de camino sin asumir lo que cuesta. La mejor empresa de desarrollo no puede adivinar lo que nadie le ha contado.
Si prefieres que te pongamos en contacto con una
Cuéntanos el proyecto. Revisamos tu solicitud y, si tenemos cobertura en tu zona, la derivamos a una empresa de desarrollo colaboradora: a una sola, y te decimos a cuál. Las preguntas de esta guía valen igual para ella. Gratuito y sin compromiso; el circuito está en cómo funciona.