De qué hablamos
Una aplicación web a medida es un programa que tu equipo, tus clientes o tus proveedores usan desde el navegador: un portal de pedidos, un panel de gestión, una intranet, una herramienta de reservas. No se instala en cada puesto, se actualiza para todos a la vez y se puede abrir desde la oficina, desde casa o desde el móvil.
La búsqueda «desarrollo de aplicaciones web» la comparte un ciclo formativo de FP. Esta página no trata de estudiarlo: trata de encargar el desarrollo web a medida de una herramienta para tu empresa. Tampoco hablamos de la web corporativa ni de la tienda online de plantilla, que son otro encargo.
Cuándo se plantea
Se plantea cuando un proceso que toca a varias personas vive en hojas de cálculo compartidas y correos: los pedidos que llegan por tres canales, los partes que se pasan a limpio por la tarde, los clientes que preguntan por el estado de lo suyo porque no tienen dónde mirarlo. También cuando el programa de gestión hace bien lo interno pero no tiene una puerta para que alguien de fuera consulte o introduzca datos.
Qué incluye un proyecto bien planteado
- Un análisis previo: qué proceso cubre, quién lo usa y qué puede hacer cada tipo de usuario.
- Diseño de las pantallas antes de programar, para discutir sobre algo que se ve.
- El desarrollo por entregas, con una versión que se puede probar pronto.
- Control de accesos: usuarios, permisos y registro de quién ha hecho qué.
- La conexión con lo que ya existe: el programa de gestión, la facturación, el correo.
- Pruebas con usuarios reales y carga de los datos iniciales.
- Publicación en un servidor, copias de seguridad y un acuerdo de mantenimiento.
Qué mueve el precio
- Cuántos procesos y pantallas cubre la primera versión: es lo que más pesa.
- Los tipos de usuario: no cuesta lo mismo una herramienta interna que una con acceso de clientes y proveedores.
- Las integraciones con otros programas, y si esos programas tienen una API documentada.
- Los datos de partida: migrar años de hojas de cálculo desordenadas es trabajo.
- El diseño: una interfaz propia y cuidada frente a una funcional sobre componentes estándar.
- Lo que pasa después: alojamiento, soporte y evolución, que conviene presupuestar aparte.
De qué depende el plazo
El plazo depende sobre todo de lo definido que llegue el alcance y de la disponibilidad de quien tiene que validar en tu empresa: una aplicación acotada, con una persona que responde rápido, avanza en semanas; una con muchos perfiles e integraciones se mide en meses y se entrega por fases. Pedir una primera versión pequeña que ya se use es la forma de no esperar al final para descubrir qué faltaba.
Lo que suele complicarse
Lo que más descuadra un proyecto de aplicación web no suele ser la programación, sino lo que no se dijo al principio: una excepción del proceso que solo conoce una persona, un permiso que nadie había pensado, un programa con el que había que conectarse y que no deja sacar los datos. Cuanto antes salgan esas piezas, menos cambia el presupuesto por el camino.
Errores que salen caros
- Pedir precio con una frase. «Un portal de clientes» puede ser una pantalla o cincuenta: sin alcance, las propuestas no se pueden comparar.
- Querer todo en la primera versión. Lo que se usa a diario cabe en mucho menos de lo que se imagina al empezar.
- No nombrar a un responsable interno. Sin alguien que decida, cada duda del equipo de desarrollo se convierte en una semana parada.
- Olvidar el mantenimiento. Una aplicación publicada necesita actualizaciones de seguridad y alguien que responda cuando falla.
- No preguntar de quién es el código. Si no consta, cambiar de proveedor más adelante puede obligar a empezar de cero.
Qué te tiene que quedar por escrito
- El alcance de la primera versión: qué hace y, sobre todo, qué no hace.
- De quién son el código fuente y los datos, y cómo se entregan si la relación termina.
- Dónde se aloja, quién hace las copias de seguridad y quién responde si se cae.
- Qué incluye el mantenimiento y cómo se presupuestan los cambios posteriores.
- Si se tratan datos personales, quién es el responsable y quién el encargado del tratamiento conforme al RGPD.
Situaciones habituales
Algunas situaciones que encajan aquí: una distribuidora que quiere que sus clientes repitan pedidos sin llamar a nadie; una empresa de servicios que necesita que sus técnicos cierren los partes desde el móvil y que administración los vea al momento; una entidad que gestiona inscripciones y cobros con formularios sueltos; o una industria que quiere un panel con los datos de producción que hoy solo están en el programa de planta.
Qué preparar antes de pedir propuesta
- El proceso contado paso a paso, con sus excepciones.
- Quién lo va a usar y cuántas personas son, dentro y fuera de la empresa.
- Qué hay hoy: las hojas de cálculo, los formularios o el programa que se quiere sustituir.
- Con qué otros programas tiene que hablar.
- Un orden de magnitud del presupuesto y cuándo quieres empezar.