«¿Cuánto cuesta hacer una app?» es de las preguntas que más se buscan y de las que peor se responden con un número. No hay una tarifa pública que citar, y la distancia entre una app sencilla y una compleja es tan grande que una horquilla que las abarque a las dos no dice nada. Esta guía explica qué hay dentro del precio, para que cuando recibas una propuesta sepas leerla. Está pensada para apps de empresa: para clientes o para el equipo.
Las decisiones que más mueven el precio
- Las plataformas. iOS, Android o las dos. Hay tecnologías que permiten compartir buena parte del trabajo entre ambas; cuánto se comparte depende de lo que haga la app.
- Las funciones. Cada pantalla y cada proceso suma. Y algunas funciones pesan mucho más que otras: pagos, mapas y localización, cámara y lectura de códigos, notificaciones, mensajería.
- Lo que hay detrás. Casi ninguna app de empresa vive sola: necesita un servidor, una base de datos y un panel desde el que alguien administra usuarios y contenidos. A menudo es más trabajo que la propia app.
- Las integraciones. Que la app lea y escriba en el programa de gestión, en la tienda o en el CRM de la empresa. Depende de si esos sistemas se dejan conectar.
- Funcionar sin conexión. Guardar datos en el dispositivo y sincronizarlos después, resolviendo los conflictos, es de lo que más complica un proyecto.
- Usuarios y permisos. Registro, acceso, perfiles distintos, y qué ve cada uno.
- El diseño. Una app que usarán los clientes pide un diseño cuidado y pruebas con personas; una interna puede ser más funcional.
Partidas que se olvidan
- Las pruebas en dispositivos y versiones distintas.
- La publicación en las tiendas de aplicaciones: las cuentas de desarrollador, que tienen que ser de tu empresa, la revisión que hace cada tienda y los textos y capturas de la ficha.
- La política de privacidad y el tratamiento de los datos personales de los usuarios, que el RGPD obliga a tener resuelto.
- La analítica: saber si la app se usa y dónde se abandona.
Lo que cuesta tenerla, además de hacerla
Una app publicada tiene costes que se repiten. El servidor y las copias de seguridad. Las cuentas de desarrollador de las tiendas. Las actualizaciones: los sistemas operativos cambian cada año y una app que no se toca acaba dejando de funcionar bien o siendo retirada de la tienda. Y el mantenimiento: errores que aparecen con el uso y mejoras que piden los usuarios. Pide que la propuesta lo recoja como una cuota periódica, separada del desarrollo.
Cómo se presupuesta una app
Igual que cualquier software a medida: con un precio cerrado si el alcance está escrito, o por fases si se va a ir definiendo. En apps es frecuente una fase previa de diseño, en la que se dibujan las pantallas y el recorrido antes de programar nada; sirve para afinar el presupuesto y para descubrir pronto lo que no se había pensado.
Antes de pedir propuesta: ¿hace falta una app?
No siempre. Si lo que se necesita no usa la cámara, ni notificaciones, ni trabajo sin conexión, una aplicación web que se vea bien en el móvil puede resolverlo con un solo desarrollo y sin pasar por las tiendas. Una empresa de desarrollo seria te lo planteará; si no lo hace, pregúntalo.
Qué pedir en la propuesta
- Plataformas y versiones mínimas que se soportan.
- La lista de pantallas y funciones, y lo que queda fuera.
- Qué incluye la parte de servidor y el panel de administración.
- Las integraciones, una por una.
- Quién publica, con qué cuentas, y a nombre de quién quedan.
- De quién es el código y cómo se entrega: la cesión, por escrito.
- El mantenimiento posterior y su coste periódico.
El precio de la tuya
Solo lo puede dar quien analice el proyecto. Si tu empresa necesita una app, cuéntanosla: para quién es, qué tiene que hacer y con qué se conecta. Revisamos tu solicitud y, si tenemos cobertura en tu zona, la derivamos a una empresa de desarrollo colaboradora. Gratuito y sin compromiso. Más contexto en desarrollo de aplicaciones móviles.